Aún recuerdas aquella noche
Aún recuerdas aquella noche,
latiendo entre el frío y el sueño.
El vaho de tu respiración
y las pisadas en el asfalto.
Todos reían y se gritaban desde lejos,
olvidando hasta sus nombres,
y tú no eras capaz
ni tan siquiera
de arañar algo de valor a tus labios,
de sentirte algo más fuerte
y arrastrabas tu decepción silenciosa
sobre los charcos.
Recuerdas cómo la noche los devoraba.
Ellos adoraban el vértigo y el ruido,
las luces amarillas en la calle vacía,
el crujido de los cristales,
y tú en cambio
preferiste la lluvia.
Siempre fue más contigo:
su caída silenciosa,
la prisa por perderse de vista,
doblar la esquina
y actuar como si nada existiese,
como si tú no existieses, y a cada segundo
fuese un poco más invierno.
Aún recuerdas aquella noche,
llegar a casa y no pensar,
a cualquier precio tratar
de no pensar,
y meterte en la cama deprisa,
y aquella decepción silenciosa,
silenciosa y embarrada,
como un perro mojado,
durmiendo a tus pies.
