Fuera de control
Mañana
ahuyentaré el pánico en trenes que corren
llenos de soledad y de noche,
perfeccionaré
toda clase de decepciones
para no quedar desprevenida.
Te pediré una derrota,
que aprendas a necesitarme a oscuras,
a quererme de vuelta a tiempo,
a no esperar de mí
nada que no pueda contener un poema.
Llevo un poco de frío en el pie derecho
y restos del maquillaje de anoche
para no pedir perdón por las molestias
y mostrarme valiente
cuando las ventanas se conviertan en espejos.
Podría haber dejado de ser yo,
pero nadie me lo pidió de la manera adecuada,
y ahora ya no estoy dispuesta
a dejarme caer tan fácilmente.
Hoy he comprobado que la lluvia
puede ser mejor compañera de cama
que tus manos
y me permitiré por una vez
perder el control sin excusas,
escribir sin remite,
pensar en ti sin dar explicaciones.
Te envío mi silencio
y mis ganas de abrazarte,
todo al mismo tiempo,
pero sin una palabra que pueda
devolverte la vida,
o que puedas hacer tuya ante la duda.
Llevo restos de ciudad bajo los ojos
y un beso dormido en la boca
para estremecerme
al contacto con la noche,
y sobrevivir a cada regreso.
Podría haber despertado en un día
más extraño aún que éste,
pero el invierno había invadido la estación.
Es la promesa que me hice a tu espalda.
Es el rastro que cada lunes por la mañana
dejo para resistir.

Te dejo aquí la huella de un beso, y el colchón de los poemas escritos en trenes.