De nuestros días, sólo queda la memoria.
Dormía sobre tu pecho,
Acariciaba tu espalda.
Miraba tus ojos en la oscuridad,
Te sentía siempre cerca,
Escuchaba tus latidos.
Ahora ni siquiera encuentro eso que sentía,
Sólo queda una brizna de hierba en mi pelo,
Arena en mis zapatos, a veces,
Y de las palabras que eché al fuego
Quedan sus cenizas bajo mi cama…
De tu luz y tu calor tan sólo
Una ausencia sin rostro, cabizbaja,
En mi almohada.
