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Si te vas

Si te vas

no me pidas que recuerde

qué hemos sido,

no me digas

que lo guarde en mi burbuja,

no permitas que te olvide

sin decir

que me encontraste.

 

No me pidas que amanezca

hasta mañana,

si te vas,

no me mires

cuando estés a punto de llegar,

no escribas mi nombre con tristeza

la próxima vez.

 

Si te vas,

supongo que diré

que estaré bien,

y que será verdad,

pero sólo a medias.

Supongo que preguntaré por qué

conociendo la respuesta

una y otra vez.

 

Si te vas

no será el fin,

ni el principio, sólo

un tiempo detenido por un tiempo,

no será la última vez

ni la primera,

ni perderás ese rincón

que te dejé.

Adiós

Me voy,

sin esperar

que me pidas que me quede,

sin soñar

que me sigues,

sabiendo

que no correrás

para alcanzarme.

 

Me voy,

y ni siquiera miro atrás

queriendo ver como te sientas

a esperarme.

Luces

Algunas noches me gusta subir

al lugar más alto de la ciudad

y mirar sus luces en silencio,

sin pensarlo, sin encontrarme con ninguna.

 

Suelen ser noches frías de domingo

en que después de haber arrastrado

durante un largo día la tristeza

y el llanto contenido,

 

decido romper mis recuerdos y arrojarlos,

no he venido a encontrarme con ninguno,

hasta que me quedo sin aliento o sin lágrimas.

En otras ciudades, también suben,

 

hay más resacas del llanto del día,

mucha más gente pisando algún nombre,

alguna historia, aullando su desastre.

Suben tristes y solos, como yo, que suelo estar

 

(lo confieso) entristecida los días impares,

los lunes a primera hora y los domingos por la noche;

y sola, aparte de ellos,

todos los demás.

 

Ves todos esos puntitos de luz? Están vivos, aunque lejos,

y así debe de estarlo también mi alegría,

aunque parezca apagarse y diluirse en este cielo de mercurio,

aunque parezca que me dio la espalda y no va a regresar.

A los ausentes. Todos.

 

Para ahuyentar la nostalgia,

Ella y yo hablábamos de aeropuertos.

 

Yo le contaba que aquel día

Arrastré los pies por el suelo de mármol

De la terminal de vuelos internacionales.

 

Nunca oscurece en esos aeropuertos,

La noche sólo viaja en equipajes.

 

Me decía que ya no recuerda muchos de los nombres

Que escribió en las ventanillas del avión.

Otros, parecían imborrables.

 

No era uno de esos sueños apacibles

En los que jamás se aterriza del todo.

 

Le expliqué que regresamos a medias

Con menos equipaje, con más llanto,

Con más tiempo que perder en adelante.

 

No conté las lágrimas en la puerta de embarque.

El dolor no se deja recordar tan fácilmente.

A Victoria.

 

No sé hacerle reír cuando está triste,

Se me escapan con el viento

Las palabras que diría,

La manera de preguntarle por qué.

 

Cuando ella no sonríe la ciudad parece triste,

Incluso lo parecen las calles que le gustan.

No hay nada más amargo que una acera desnuda,

Nada peor que un edificio hueco.

 

Quizás te conozca mejor cuando callas.

Tal vez no te conozca siquiera.

 

Ella aprendió reír cuando está triste,

Incluso cuando las calles son sombrías

Y las aceras están rotas, secas.

Incluso cuando no hay árboles.

 

Siempre anidaban en su pelo

Las ganas de que fuera otoño,

Incluso cuando no quería.

Siempre la buscaba el silencio.

 

No muchos saben ver en su mirada

La danza invisible del llanto.

 

Recuerdo cómo sacudía las últimas gotas de lluvia

De las hojas de los árboles,

Esa lluvia que sí sabía preguntarle

Por qué.

 

Ella callará mientras los demás olvidan,

Pero mañana sabré hacerle reír cuando esté triste.

Después de quemar las cenizas de septiembre

Y de que el sol abrazara el pálido horizonte,

Las calles quedaron impregnadas

Del olor que deja el verano al marcharse,

Parecido al azul de la nostalgia.

 

La luz entre los árboles cae dorada.

El suelo que pisamos, se deshace.

Aún queda azul en el cielo que nos cubra

Del invierno, queda luz,

Queda verano en esta brisa.

 

Os oigo reír en ella,

Y oigo el cálido silencio de los relojes.

No hemos perdido el brillo de los ojos,

Ni los besos del sol en nuestra piel,

Todavía huele a verano entre las hojas.

No me gusta esa forma que tienes

De pensar en mí despacio,

De recorrer mis palabras de puntillas

De sostenerlas en tus dedos temeroso de romperlas.

 

Me gusta, en cambio,

Cuando me preguntas desde lejos

Qué me pasa, y yo imagino que tus brazos

Me abrazan fuerte por la espalda.

 

Detesto que estés triste, y estés lejos,

Y suspires, y esos besos que aún no has dado

Y que no son, se diluyen en el aire,

Y cualquiera los respira, sin saberlo.

 

No me gusta tu sonrisa al anochecer,

Ya cansada, ni tus días agrietados,

Ni tu risa cuando duele y es amarga,

Ni tampoco esa tristeza de tus manos…

 

No, éstas son las manos que prefiero,

Las de “bésame y no digas nada”,

Las que desvisten silenciosas,

Las que duermen en mi almohada.

A base de noviembre y aspirina,

Escribo tu nombre en la piel de los días.

 

Sigo tumbada en esta luna a medias

Que no sé si es de recuerdos,

De septiembre o de abril,

Pero sobre la que también duermo.

 

Sabes que es tu nombre

Y serán también tus días, si los quieres.

 

Estoy en la autopista entre tus dedos.

Te imagino allá al final,

Donde me esperas, distraído,

Sin saberlo, desde hace tiempo.

 

Casi puedo verte

De perfil con las manos en los bolsillos.

 

Y la noche o el día que aterrice

Te cambiaré mis labios por los tuyos.

No tengo prisa. Si el día nos abate,

La noche es suave y paciente.

 

Pero tu nombre será beso, y los días…

Los días serán nuestros.

Ayer tus sábanas se despertaron

Frías de lágrimas y de insomnio,

Y memorizaste las constelaciones.

 

Te pesaban en los párpados

Las madrugadas. Escribiste,

Ahuyentando a los sueños.

 

Tal vez mañana amanezca de una vez.

Tal vez mañana aún sobreviva la luz

Y tus labios puedan escribir esa canción

 

Que no hable de despedidas,

Ni de lluvia ni de hoteles;

Que hable sólo de octubre.

 

En la playa aún fría

De noches colgará en tu piel,

Aun más fría, aun más salada,

Todos sus besos de noviembre.

 

¿Yacerás al alba un día tras otro

Junto a sus manos manchadas de arena

Hasta que abril naufrague en la orilla?

 

Dicen que el olvido emigra en otoño.

Sólo hasta que el corazón vuelve cansado,

Sólo hasta que la primavera despierta.

Todos los poetas tienen insomnio,

Porque de noche acude la tristeza

A morder el alma, a despertar el lápiz.

 

Todos los poetas tienen insomnio,

Porque en la silenciosa madrugada

Se puede oír la luz de las carreteras.

 

Basta con cerrar los ojos y escuchar tu voz

O tachar un nombre más

Para entenderlo.

 

Y al escucharte, qué duro es

Asumir que sobra el tiempo,

Pero igual qué dulce y necesario.

 

Quién sabe en qué fría tarde de noviembre

Te bastará rozar mi mano

Para entenderlo.

 

Hasta ese día, me queda el insomnio.

El vaho de mis anhelos. Mis poemas de suspiros.

Algunas gotas de tristeza.

 

La culpa es mía, por despertarme.

Aún está oscuro y salgo a la ventana,

Porque ya toca sentirse otra vez triste.

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