Ya sabes que es para ti y por qué (:
Fue el día que recogí mis cosas
y bajé las escaleras de dos en dos:
tu sonrisa y tú ya me esperabais
abajo, en el Ford azul.
Llevabas gafas de sol de montura dorada
y algo de luz enredada en el pelo.
Preguntaste que llevaba, lo recuerdo,
yo te dije que tan sólo algunas fotos
y una maleta llena de canciones.
Entonces soltaste tu risa azul y brillante,
como si fueran pájaros robados,
y dijiste que podía subir al coche
sin limpiar la arena de mis zapatos.
Encendiste la radio, después el motor,
y las primeras canciones salieron
a toda velocidad por las ventanillas.
No se habían sentido tan vivas
desde la última vez que tú estabas.
Pregunté – ¿A dónde vamos?
Y me miraste desde tus grandes gafas oscuras.
Detrás, tus ojos sonreían.
- A dónde la carretera quiera llevarnos,
hasta la frontera entre sueño y desvelo.
Porque en los viajes de verdad
de esos con extra de sol y carretera,
con luces de ciudades ya a punto de apagarse,
con calles llenas de huellas y de charcos,
destino significa final.
Fue fácil volver a arrugar todas las playas
que pisábamos, no se me había olvidado todavía
eso de dibujar lo sueños en la arena
trazando profundos surcos y mojándonos los pies.
Empañamos los cristales con versos,
o al contrario, los escribimos sobre el vaho
y esperamos a que se borraran
y se guardaran así para siempre en el tiempo,
y fueran así nuestro tiempo y nuestros versos.
Vimos pasar ciudades, amaneceres,
kilómetros y kilómetros de postes de luz
unidos por cables donde colgaban pájaros,
y todos y cada uno de los colores del sol.
Nos emborrachamos de madrugada, como solíamos,
rompimos los paraguas para hacernos amigas de la lluvia,
cazamos todas las estrellas antes de que amaneciera.
Y sobre todo, por fin construimos el rompeolas
y dejamos un trocito en cada sitio que estuvimos.
En él quedaron aparcados las postales y los sueños,
las lágrimas saladas de la despedida
guardadas el bolsillo de un abrigo viejo,
los acordes de todas las canciones
en papel color crepúsculo
y algo de arena, toda arrugada.
En el rompeolas, todo aparcado
en la guantera del Ford azul.