A los ausentes. Todos.
Para ahuyentar la nostalgia,
Ella y yo hablábamos de aeropuertos.
Yo le contaba que aquel día
Arrastré los pies por el suelo de mármol
De la terminal de vuelos internacionales.
Nunca oscurece en esos aeropuertos,
La noche sólo viaja en equipajes.
Me decía que ya no recuerda muchos de los nombres
Que escribió en las ventanillas del avión.
Otros, parecían imborrables.
No era uno de esos sueños apacibles
En los que jamás se aterriza del todo.
Le expliqué que regresamos a medias
Con menos equipaje, con más llanto,
Con más tiempo que perder en adelante.
No conté las lágrimas en la puerta de embarque.
El dolor no se deja recordar tan fácilmente.